Me preguntas??? Estas ansias escapan a la mera definición de profesión; son de alguna manera una especie de estigma o esencia que encuentra las palabras exactas para enmarcarte en una condición más que en un concepto… y luego la realidad es más sencilla o más complicada?: escribes porque vives y vives porque escribes.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Juventud con alas

La mañana se le viene encima como la mancha sepia de sus cuatro paredes. Y allí dentro, sus alas demandan cada vez más espacio. Casi a un paso de los 30. Imbuida, o más bien absorta en esta, su realidad, que drena a cuenta gotas  gritos mudos, también suyos, por un poco de independencia, por ese vuelo prolongado, lejos del hogar familiar.
Y al lado de su brazo una figurita pequeña le crece, como una extensión natural, pero que cada vez se siente más deliciosamente pesado en sus espaldas. Su hija es la realidad más tangible. Por ella le desborda la necesidad de un hogar propio, de rutinas coherentes a su percepción de la convivencia, de un soplo de privacidad para continuar con esa vida pospuesta que alguna vez de tanto imaginar creyó cercana.
Él es más simple y a la vez más complejo. Todos los días regresa del trabajo con una expresión cansada que no refleja precisamente los desmanes del cuerpo. Recuerda cuando entró a la universidad y creyó que una vez graduado su perfil sería  más extenso, pero han pasado los años y a veces no entiende para qué   tanta lección que no ha podido aplicar a plenitud.
Sus compañeros se han ido amoldando a las circunstancias. Algunos, mochila en mano o con una dirección  en el bolsillo, fueron más audaces y consiguieron trabajo en La Habana, el viejo sueño de conquistar la capital. Pero él tiene por esta ciudad un latido profundo, acá en medio de esta arquitectura ecléctica quiere ver crecer a sus hijos. Sabe que tiene mucho que ofrecer y solo espera una oportunidad, que puede estar cerca.
La juventud está llena de aspiraciones. Él y ella son solo un pretexto. Siempre hay un par de alas pujando hacia arriba en la espalda más insospechada, con propósitos cercanos o no tanto, pero casi siempre dignos de ser escuchados porque llevan el estigma de una generación que ha crecido con coraje, con una valentía a prueba de limitaciones.
He escuchado a muchos, incluso  muy jóvenes, asegurar que estas generaciones se van acomodando, que la dureza de estos tiempos ha terminado por deglutir sus aspiraciones, y la mayoría anda por ahí medio devorada por una apatía insaciable, mientras otros solo saben criticar. El cambio perceptible de mi tensión arterial me puso el aviso y me ha hecho contestar las más de las veces: afortunadamente, están muy equivocados.
Día a día un montón de caras jóvenes laboran en todas esferas, muchos lideran proyectos trascendentes, salvan literalmente vidas humanas, dentro y fuera de Cuba, o más simple, conducen el transporte con el que se beneficia toda una ciudad. El caso es que cada cual entrega lo que puede y en cualesquiera de los casos me atrevo a asegurar que hay de por medio sacrificio.  Detrás de estas caras, no lo dude, también hay historias con necesidades y aspiraciones tangibles, pero recuerde que han puesto sus sueños en esta ciudad y han dejado aquí sus manos para hacerlos posible.
 La mía no ha sido nunca una generación de medias tintas. Crecimos con un apego confeso a la realidad y ante todo un amor heredado por esta sociedad, que con sus limitaciones y carencias, es nuestro hogar. A usted que me lee le convido, como Silvio,  a creer cuando digo futuro. Por dos o tres casos aislados no juzgue a una juventud que solo merece su respeto, porque se ha cargado en hombros el coraje de hacer y de ser más, una juventud de la que como parte y nunca juez, yo me siento orgullosa.

martes, 14 de febrero de 2017

El amor en los tiempos de la WIFI


A metros de distancia puede olerse la historia… Ani se sube a un muro. Coloca audífonos en sus oídos y espera hasta que por fin hay una imagen del otro lado del teléfono. El muchacho sin camisa le regala un beso a punta de dedos. Ella saluda también…
 La muchedumbre “conectada” apenas lo advierte, pero Ani tiembla, porque aún a miles de kilómetros de distancia, el joven que le sonríe, virtualmente, es la persona más cercana en su vida. Por eso se hace tan extensa la pausa detrás del “hola, como estás mi amor”.
Hace cinco años ella conoció a Maikel. Fueron amigos primero y se enamoraron después. Ani aún se queja porque no fue amor a primera vista, pero el cariño se volvió necesidad, crearon puentes, y en un abrir y cerrar de ojos estaban como hechizados por un raro sentimiento donde ya no podía habitar uno sin el otro.
Justo después de la boda la posibilidad de que su esposo se fuera de misión a Venezuela se volvió real. Sin el tiempo suficiente de convivencia, aún con las gavetas a medio llenar, ella se encontró el santo día pendiente a los mensajes de texto, haciendo maromas para descifrar la magia indescifrable del correo Nauta, parada sobre un muro para lograr una llamada por imo.
Confiesa que es muy difícil mantener una relación a distancia. “Las rutinas cambian, las comunicaciones tampoco ayudan. Recuerdo que la primera vez que tuve una discusión con Maikel se me acabó el saldo y lo dejé hablando solo. Cuando pude recargar el teléfono las cosas habían subido de tono y él estaba realmente molesto.
“La mayoría del tiempo estoy entre melancólica, triste, incluso deprimida. Y todas esas sensaciones me toca disimularlas a la hora de escribir un mensaje. Cuando me conecto intento siempre parecer despreocupada, porque mi esposo, de por sí siempre está estresado, si yo me quejo también, entonces no aprovechamos el poco tiempo que tenemos para conversar.
“La primera vez que vi el video de la canción Androides, del Chacal, te juro que lloré, porque es exactamente eso lo que estoy viviendo. Virtualmente todo es más frío, más incierto, más extraño, mi Maikel a veces me parece tan lejano, aunque pueda verlo del otro lado. Las cercanías y las distancias se confunden.
“El tema de los celos, de ambas partes tampoco ayuda. Y el caso es que no conozco ahora las rutinas de mi esposo. Se escuchan tantas historias. A veces cuando no me responde al momento, mi cabeza vuela. ..
“Hay días más difíciles que otros. La verdad hay algunos insoportables. Pero los miles de kilómetros se esfuman cuando una está escuchando una canción, mirando una película y de repente suena el teléfono, y del otro lado tu pareja te dice estoy escuchando a Mayco de Alma y te extraño… Y una está haciendo exactamente lo mismo. Seguimos conectados a pesar de todo. Esos momentos destrozan cualquier tipo de obstáculo.
“He madurado en estos meses, a la fuerza,  claro. Aprendí que no puedo ponerme brava por nimiedades, y cuando las discusiones son inevitables hay que terminarlas ahí, perdonarse, dejar a un lado los resentimientos e irse a dormir en paz. Porque en la distancia no hay besos, ni abrazos en la noche para hacer las paces. Se aprende también a ser más compañera, más amiga”.
Este 14 de Febrero será el primero que celebre Ani desde una zona Wifi, debajo de alguna sombrilla, tal vez exaltada porque a algunos les resulta fácil mientras la imagen en su teléfono se congela cada cuatro palabras.

Se arreglará el pelo e intentará lucir hermosa para compartir solo 120 minutos con Maikel. Un tiempo minúsculo, pero los sentimientos no son palabras, no son horas, a veces ni siquiera tienen rostros… Cuando el amor es realmente fuerte, bastan segundos para tener la certeza, de que no importan las distancias.

martes, 17 de enero de 2017

"En las fronteras se pierde mucho más que dinero..."


Las historias que había escuchado se desvanecieron de golpe. Mucha gente le aseguró que la travesía era difícil, pero cuando se encontró frente a la frontera de Estados Unidos, con el nombre y el cuerpo mancillado por la vergüenza, asumió que nadie había perdido tanto como ella, que el viaje al soñado “paraíso americano” le había cambiado para siempre.
Cinco meses antes había llegado a Ecuador. Eran un grupo de 15 personas con la intención de atravesar ocho fronteras. Todos habían vendido sus bienes en Cuba. Particularmente ella cosechaba una deuda de cinco mil CUC con un familiar no tan cercano, así que su camino no tenía retorno, ella no podía darse esos lujos.
En Quito un abogado le dio los números de teléfono de distintas personas en una supuesta ruta segura. Le aconsejaron que cuidaran los carnets de identidad para que pudieran acogerse sin problemas a la Ley de Ajuste Cubano.
Dos meses después, Ana y seis personas empezaron la travesía. Se adentraron en Colombia y atravesaron disímiles parajes para coger la famosa lancha en Turbo. Esa fue su primera señal de mala suerte. Un resbalón la puso de repente en el agua agitada, y por más gritos que dio el hombre a cargo anduvo un buen tramo sin dignarse a recogerla. Un cubano, que ella conocía de vista le dio un puñetazo al hombre y lo obligó a regresar. De otra manera su viaje hubiese terminado allí.
La próxima parada fue  en puerto Obaldía, Panamá. Allí permaneció cinco días. El dinero se esfumaba porque cada vez se necesitaba más para hacer papeles y pagarle a los intermediarios.  Tuvo que caminar y hacer botella a lo cubano. Al final cruzó en un bus de Ciudad Panamá hasta Costa Rica. A su paso encontró otros paisanos con las mismas intenciones. Todos con caras de preocupación y algunos daban gritos como niños, preguntándose quien rayos los mandó a llegar ahí.
En Costa Rica estuvo un buen tiempo esperando por un salvo conducto. La estafaron dos personas, hasta que pasó a Nicaragua y de ahí a Honduras. En todo ese tiempo nunca estuvo tranquila, siempre surgía un imprevisto y su vida estaba literalmente en peligro. Finalmente llegó a Guatemala. En un albergue improvisado, mientras se bañaba, uno de los que la acompañaban le robó casi todo el dinero, de forma tal que llegó a México apenas con mil dólares americanos.
Desde el inicio le advirtieron que esa “plata” no era suficiente, pero Ana decidió aventurarse. En Monterrey el último contacto telefónico les respondió. Un camión los llevaría hasta la frontera de los EUA por Laredo, cada cual debía pagar dos mil 500 dólares.
Esa tarde comenzó la peor pesadilla de Ana. Eran cinco mexicanos. La dejaron subir a pesar de no tener todo el dinero. Pero en cuanto oscureció detuvieron el vehículo, hicieron bajar a los demás y la violaron los cuatro hombres, mientras otro le apuntaba con un arma al asustado equipo.
Ella asegura que nunca va a olvidar aquellas horas. Le dieron muchos golpes, la obligaban a tomar ron. La fueron violando de uno en uno mientras los otros miraban, y le gritaban cochinadas.

 En algún momento pensó que iban a matarla… pero llegó a la frontera, medio inconsciente y llena de sangre. Recuerda que a pesar del dolor, se le cayó la cara de vergüenza cuando el más viejo del equipo pidió un médico para ella y dijo muy alto, “a esa muchacha prácticamente la violó todo México y no puede caminar”.
Lamentablemente muchos cubanos han vivido situaciones similares, incluso más tristes. Por Ana y otros tantísimos nombres, el Gobierno cubano insiste en garantizar una migración segura, ordenada y legal.
ESTA HISTORIA FUE A TRAVÉS DE FACEBOOK
LA PROTAGONISTA ACCEDIÓ A DARNOS SU TESTIMONIO CON LA CONDICIÓN DE MANTENER SU ANONIMATO

domingo, 27 de noviembre de 2016

Una despedida sin adiós

La noticia fue electrizante, aun cuando sabíamos que no siempre iba a estar en este mundo. Pero eran 90 años de una lucidez inquebrantable. Todavía tenía tanto que decir…
Fue triste escuchar a Raúl. Sobretodo porque en esta suerte de despedida se perdía al mas grande, a la mente más brillante, al hombre que desde niños aprendimos a querer de forma instintiva. Nunca hubo distancias con Fidel, siempre estuvo ahí, a la vuelta de cualquier problema, para abrazar a los niños y poner la mano sobre el hombro de cualquier hombre de pueblo.
Desde ese día todos amanecimos más unidos y  junto al dolor innegable que alguno exteriorizaron con lágrimas, y otros con un vacío en el pecho, igual de lacerante, el pensamiento que aflora por doquier es un agradecimiento infinito. Por nacer ante todo, por atacar el Moncada, por regresar en el Granma, por haber sido ese gigante con la mirada más limpia que pueden guardar unos ojos.
Le recordamos de verde olivo, en todos los momentos buenos, y no tan buenos de nuestra Revolución. Era un líder nato, respetado incluso por los enemigos de sus ideas fuera de Cuba.
Si uno salía alguna vez de la isla, lo primero que la gente solía preguntar, era cómo era Fidel. Y una se quedaba absorta, al menos en mi caso. Porque es difícil definirlo con adjetivos que usamos todo el tiempo. Fidel ha estado siempre por encima de las palabras, sus convicciones y preceptos han sido indiscutiblemente más de ver que de contar.
Hoy estamos viviendo un momento triste, pero como Fidel siempre fue Cuba, de muchas maneras, en Cuba siempre estará Fidel. Cómo despedirnos que alguien que siempre estuvo por encima del tiempo y las distancias. Es cosa imposible. Pero intentémoslo con una frase conocida: Hasta Siempre Comandante…


jueves, 24 de noviembre de 2016

Sin viceversas...



Se acerca diciembre… con toda la vorágine consumista que presuponen las navidades en muchas partes del mundo. Y el nuestro, por diferente, o más sencillo, no deja a veces de ser un puñado de nostalgias cuando a metros de una púa, entre el bullicio, una se queda absorta y descubre otro año que nos deja, personas que definitivamente están más lejos, metas que ya no se cumplirán…
Antes de desbordarme en alguna suerte de añoranza debo confesar que mis diciembres, hace un tanto, ya no saben igual. Mi hijo llegó con toda la fuerza de Sagitario y además de unas cuantas libras, casi toda mi energía, lo incierto de ese surco que ahora tengo en el ceño y muchísimas cosas más, mi bebo se robó todo el misticismo de mis fines de año. Ahora si él está bien, yo y el resto del mundo lo estamos, y si logro mantenerlo al menos con zapatos el día entero, entonces soy completamente feliz.
Pasaron tres años. Mi hombrecito me lleva de la mano por la vida, con unos ojos tan pícaros que me he rendido ya a sus  encantos… y solo me asusta que termine por descubrirlo, y reclame estar a cargo en esta jerarquía trastocada que se ha vuelto mi maternidad. Entonces el mundo sería una paleta de chocolate,  un montón de piedras, bolas, nuestra lima, un martillo, las llaves de su abuelo, y mi cama, definitivamente, su colchón de juego.
Tal vez quien me lea advierta que las mujeres nos volvemos repetitivas cuando se trata de hablar o escribir de nuestros hijos. Y asuma quizás que es un desliz hormonal esto de estar exhibiendo las crías, pero el tema que hoy me sacó de la cama más temprano y me ha dejado pegada al teclado no adolece de otro tipo de sensibilidad y es la problemática que afrontamos las madres en esta sociedad, donde a nuestro alrededor la mayoría de las personas solo notan que desatendemos nuestras obligaciones y se nos hace muy difícil  encajar,otra vez, como profesional,  mujer, esposa y ama de casa.
Quien crea que cuando los niños entren al Círculo Infantil se acabaron los problemas está completamente equivocado, ahí solo comienzan. De una manera u otra, por muy competentes que sean en el centro se mezclan catarros, estomatitis, impétigos, y cien cosas más, de forma tal que quien tenga una “esponjita” como yo, sabe que cada 15 días le toca algo nuevo. Cuando llego el lunes a mi trabajo y preguntan por Dudú yo digo: al menos hoy, lo dejé  en el círculo… y mis amigas bromean y dicen que eso ya les sabe a deja vu.
Con un niño que se enferma al menos una vez por mes la vida profesional se vuelve intermitente. Y aunque corro el riesgo de que mi editor suprima estas líneas, una se siente la mayoría de las veces avergonzada por algo de lo que no es ni remotamente responsable, y para los hombres, las que no son madres o ya olvidaron que lo fueron debe ser difícil otorgarle la dimensión justa a esto que sí es un problema serio y no simplemente un montón de excusas que se repiten.
 Hace unos días me fui de bruces con mi bebo y terminamos estrellándonos contra la tierra. Ante la posibilidad de hacerle daño, aun cuando el incidente no pasó de un buen susto, di gritos al borde de la locura. Y mi  niño en su lenguaje peculiar me ha pedido que me calle: “a llore, mamá, a llore”.  Tiene solo dos años y ya anda cuidándome… esta es la razón por la que es más maravilloso que difícil tener un hijo, y en este caso no hay viceversas.cio, una se queda absorta y descubre otro año que nos deja, personas que definitivamente están más lejos, metas que ya no se cumplirán…
Antes de desbordarme en alguna suerte de añoranza debo confesar que mis diciembres, hace un tanto, ya no saben igual. Mi hijo llegó con toda la fuerza de Sagitario y además de unas cuantas libras, casi toda mi energía, lo incierto de ese surco que ahora tengo en el ceño y muchísimas cosas más, mi bebo se robó todo el misticismo de mis fines de año. Ahora si él está bien, yo y el resto del mundo lo estamos, y si logro mantenerlo al menos con zapatos el día entero, entonces soy completamente feliz.
Pasaron tres años. Mi hombrecito me lleva de la mano por la vida, con unos ojos tan pícaros que me he rendido ya a sus  encantos… y solo me asusta que termine por descubrirlo, y reclame estar a cargo en esta jerarquía trastocada que se ha vuelto mi maternidad. Entonces el mundo sería una paleta de chocolate,  un montón de piedras, bolas, nuestra lima, un martillo, las llaves de su abuelo, y mi cama, definitivamente, su colchón de juego.
Tal vez quien me lea advierta que las mujeres nos volvemos repetitivas cuando se trata de hablar o escribir de nuestros hijos. Y asuma quizás que es un desliz hormonal esto de estar exhibiendo las crías, pero el tema que hoy me sacó de la cama más temprano y me ha dejado pegada al teclado no adolece de otro tipo de sensibilidad y es la problemática que afrontamos las madres en esta sociedad, donde a nuestro alrededor la mayoría de las personas solo notan que desatendemos nuestras obligaciones y se nos hace muy difícil  encajar,otra vez, como profesional,  mujer, esposa y ama de casa.
Quien crea que cuando los niños entren al Círculo Infantil se acabaron los problemas está completamente equivocado, ahí solo comienzan. De una manera u otra, por muy competentes que sean en el centro se mezclan catarros, estomatitis, impétigos, y cien cosas más, de forma tal que quien tenga una “esponjita” como yo, sabe que cada 15 días le toca algo nuevo. Cuando llego el lunes a mi trabajo y preguntan por Dudú yo digo: al menos hoy, lo dejé  en el círculo… y mis amigas bromean y dicen que eso ya les sabe a deja vu.
Con un niño que se enferma al menos una vez por mes la vida profesional se vuelve intermitente. Y aunque corro el riesgo de que mi editor suprima estas líneas, una se siente la mayoría de las veces avergonzada por algo de lo que no es ni remotamente responsable, y para los hombres, las que no son madres o ya olvidaron que lo fueron debe ser difícil otorgarle la dimensión justa a esto que sí es un problema serio y no simplemente un montón de excusas que se repiten.

 Hace unos días me fui de bruces con mi bebo y terminamos estrellándonos contra la tierra. Ante la posibilidad de hacerle daño, aun cuando el incidente no pasó de un buen susto, di gritos al borde de la locura. Y mi  niño en su lenguaje peculiar me ha pedido que no llore.  Tiene solo tres años y ya anda cuidándome… por esta y muchas más razones, es más maravilloso que difícil tener un hijo, y en este caso no hay viceversas.